2026-03-19

Alarma tarifaria

La guerra eleva al doble el costo del GNL y complica el invierno energético

Los recientes ataques en instalaciones de GNL en Qatar dispararon los precios internacionales y obligan a la Argentina a replantear su estrategia de compras para la temporada fría.

 Con el índice de referencia europeo casi duplicado, el país podría pagar alrededor de u$s700 millones adicionales por las mismas importaciones del año pasado, mientras el Gobierno decide si absorbe el sobrecosto con subsidios o lo traslada a los usuarios.

Los enfrentamientos en el complejo de Ras Laffan, epicentro de la producción qatarí de gas natural licuado, provocaron una nueva ola de tensión en los mercados energéticos globales. El North Field, el mayor reservorio mundial compartido entre Qatar e Irán, ya venía sufriendo interrupciones; las recientes hostilidades agravaron la incertidumbre sobre el flujo de suministro en un momento crítico para los países compradores.

El impacto fue inmediato en el Dutch TTF, la referencia que utiliza la Argentina para planificar embarques de GNL: en pocas semanas el índice pasó de aproximadamente u$s31,9 por MWh a cerca de u$s62,3 por MWh, un salto cercano al 95%. Esa volatilidad encarece las licitaciones y complica la contabilidad del próximo invierno.

Ante este panorama, la Casa Rosada implementó un cambio en la operatoria de importaciones: la gestión pasará de la estatal Enarsa a un único agregador privado. Esa decisión, inédita, traslada al sector privado la coordinación de compras y logística en un mercado ahora mucho más caro y volátil, con interrogantes sobre su capacidad financiera para enfrentar picos de precios y mayor costo de fletes y seguros.

En 2024 la Argentina compró 30 cargamentos por alrededor de u$s672 millones, con un precio medio cercano a u$s9,5 por MMBTU. En 2025 se mantuvo el volumen pero el gasto trepó a unos u$s740 millones por un precio medio superior. Con los precios actuales —que se acercan a u$s17 por MMBTU—, el mismo número de buques implicaría un desembolso agregado cercano a u$s1.450 millones: es decir, un incremento del orden de u$s700 millones respecto al último ejercicio.

Además del efecto directo sobre las importaciones, el desequilibrio repercute en el sistema eléctrico: en invierno las térmicas recurren a gasoil o fuel oil para garantizar suministro, combustibles que se importan a precios aún más altos y con mayor contaminación. Por otro lado, la subida del TTF amplía la brecha con el gas producido en Vaca Muerta, lo que complica las metas de convergencia tarifaria planteadas para este año.

El mercado global de GNL resulta particularmente vulnerable a crisis geopolíticas: la producción y la logística están concentradas en regiones específicas, y la oferta no puede reubicarse con la rapidez ni la escala que permite el mercado del petróleo. La interrupción en Ras Laffan también encarece fletes y pólizas para embarcaciones que transitan zonas en conflicto, y coloca a la Argentina en competencia por cargamentos con potencias dispuestas a pagar más.

A nivel doméstico, las decisiones que enfrenta el Gobierno son dolorosas: absorber el sobrecosto implicaría mayor uso de reservas y un mayor drenaje fiscal por subsidios; trasladarlo a tarifas podría agravar la inflación y el bolsillo de los hogares. Mientras tanto, especialistas insisten en la urgencia de acelerar obras de transporte interno —como la reversión del Gasoducto Norte y ampliaciones desde la cuenca neuquina— para reducir la dependencia de compras externas.

El nuevo agregador privado tendrá un rol clave para negociar ventanas de arribo a terminales como Escobar, pero su capacidad crediticia será puesta a prueba sin el respaldo directo del Tesoro que tenía Enarsa. En un contexto donde las exportaciones de petróleo registran récords, el Gobierno argumenta que los mayores ingresos por hidrocarburos podrían compensar parte del impacto; queda por verse si esas divisas alcanzarán para absorber el alza o si finalmente recaerá sobre el usuario final.

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