Citado por Reuters y difundido en medios internacionales
Inteligencia sugiere que EE. UU. ha eliminado solo un tercio del arsenal misilístico iraní
Un informe de inteligencia, citado por Reuters y difundido en medios internacionales, indica que las operaciones militares de Estados Unidos y sus aliados han logrado destruir aproximadamente un tercio del arsenal de misiles y drones de Irán.
Otro tercio —según las fuentes— estaría dañado o oculto en extensas redes subterráneas y búnkeres, mientras que el resto permanece accesible y operativo, lo que deja al país con una capacidad significativa para continuar lanzamientos selectivos.
Este balance contradice declaraciones públicas del presidente Donald Trump y otros funcionarios que sostuvieron que Teherán había perdido la mayor parte de su capacidad balística. La evaluación disponible sugiere, en cambio, que gran parte del material será difícil de contabilizar y neutralizar por completo, en especial debido a depósitos subterráneos que complican la evaluación de inventarios y el esfuerzo de destrucción.
El programa balístico es considerado por Irán como un elemento disuasorio clave frente a la superioridad militar de Estados Unidos e Israel; por eso ha sido priorizado y protegido. A pesar de la presión aérea y de los ataques dirigidos a caches y lanzadores, las autoridades estadounidenses y israelíes reconocen que la dispersión y el enterramiento de sistemas dificultan la campaña y reducen la certeza sobre la magnitud del daño infligido.
En el terreno operativo, la intensidad de los lanzamientos ha disminuido pero no cesado: misiles y drones continúan alcanzando objetivos en Israel y en estados del Golfo, y el uso de interceptores —cada vez más agotados— ha permitido, hasta ahora, mitigar parte del daño. El costo de este esfuerzo también se traduce en un enorme gasto en interceptores y en la presión sobre las defensas regionales.
El informe subraya que, aun con pérdidas parciales, Irán mantiene un inventario que lo coloca como una amenaza regional potencial. Analistas advierten que, mientras persista la incertidumbre sobre la magnitud real de sus reservas —especialmente las almacenadas en túneles—, será difícil afirmar el éxito completo de la campaña de degradación. En paralelo, hay reportes sobre incrementos de tropas estadounidenses en la región y evaluaciones sobre operaciones adicionales, incluso de carácter terrestre, para asegurar pasos estratégicos como la Isla de Kharg y garantizar la libre navegación en el estrecho de Ormuz.
Conclusión: la situación apunta a una guerra de desgaste en la que la destrucción total del potencial misilístico iraní parece, por ahora, inalcanzable. La combinación de depósitos subterráneos, la dispersión de lanzadores y la persistencia de reservas operativas mantiene a Irán como un actor capaz de infligir daños, mientras Estados Unidos, Israel y sus socios enfrentan la compleja tarea de medir y neutralizar un arsenal parcialmente oculto y resiliente.