2026-05-07

Cortes y cables caídos en el centro sanjuanino

Tras el Zonda en la ciudad de San Juan: cuando el viento sopla y la Municipalidad pone carteles sin base

Cartel del municipio de la Capital sin base de cemento. Denuncia anónima.
El Zonda pasó, como pasa cada año. Pero lo que quedó después no fue solo ramas caídas o calles sucias. Quedó al descubierto algo que muchos sanjuaninos y capitalinos sospechamos desde hace tiempo: que la infraestructura del centro de la ciudad no cayó por culpa del viento. Cayó porque ya estaba floja. Porque nadie la sostuvo. Porque, en algún momento, alguien decidió que mantener lo público no era prioritario.
 
Esta mañana, caminar por el microcentro de San Juan era recorrer un catálogo de lo que no se hizo a tiempo. Cortes de luz entre Laprida, Rivadavia, Tucumán y Avenida Córdoba. Cables de telefonía e internet colgando como lianas urbanas, expuestos a la intemperie y al paso de peatones distraídos. Y, quizás lo más simbólico de todo: una chapa con el nombre de la calle Rivadavia, pasada Sarmiento, que el viento arrancó con tanta facilidad que da vergüenza pensarlo.
 
Apareció esta mañana tirada en una alcantarilla, sostenida por vecinos que tuvieron que hacer lo que, en teoría, le corresponde a quien cobra un sueldo para cuidar la ciudad.
 

La chapa que voló: un símbolo de lo que duele

Según se observa en las imágenes que circularon y es ANÓNIA, faltaba la base de cemento que la sujetaba un cartel de la "MUNICIPALIDAD DE LA CIUDAD DE SAN JUAN". Faltaba, simplemente. Como si nadie hubiera pasado a revisar, como si el "ya está puesto" fuera suficiente.
 
Y si una chapa se cae así, ¿qué pasa con los carteles más grandes? ¿Con las estructuras publicitarias? ¿Con la señalética de obras o desvíos? La pregunta no es retórica. En la misma zona, se puede ver un cartel de la Municipalidad de San Juan en condiciones similares: flojo, con tornillos oxidados, con signos de que el mantenimiento no es una palabra que forme parte del vocabulario institucional.
 
La zona, además, no es cualquiera. Es el corazón de la ciudad. Por ahí pasan miles de personas todos los días: trabajadores que van a sus empleos, estudiantes que cruzan hacia la universidad, adultos mayores que hacen sus compras, turistas que recorren el centro histórico. El riesgo de que algo se desprenda y lastime a alguien no es hipotético. Es real. Y es evitable.
 

Los cables que cuelgan: una postal de la desprolijidad

Otro de los puntos que la denuncia dio, es el estado de los cables de servicios.
 
Telefonía, internet, fibra óptica: todos esos hilos que deberían ir ordenados, protegidos, enterrados cuando es posible, aparecieron esta mañana sueltos, colgando de postes o directamente sobre la vereda.
 
No es un problema nuevo. Cualquier sanjuanino que camine el centro con atención lo ve: cables que se cruzan como enredaderas en el suelo, postes que sostienen diez servicios distintos, cajas de distribución con las tapas abiertas. El Zonda solo hizo visible lo que ya estaba ahí. Y lo puso en primer plano.
 
La pregunta que surge es inevitable: ¿existe algún tipo de control o coordinación entre la Municipalidad y las empresas prestadoras de servicios para garantizar que esta infraestructura esté en condiciones? Porque si la respuesta es sí, entonces no se está ejecutando. Y si la respuesta es no, entonces hay una omisión de base que merece explicación.
 

La luz que se fue: ¿falla del sistema o falta de previsión?

Los cortes de energía que afectaron al centro no fueron un hecho aislado. Fueron la consecuencia de una red que, frente a la presión del viento, respondió con interrupciones. El EPRE, como es habitual, trabajó para restablecer el servicio. Pero la pregunta de fondo no es quién arregla, sino por qué se rompe.
 
¿Se realizó, antes de la temporada de Zonda, una revisión preventiva de la red eléctrica en la zona céntrica? ¿Se podaron los árboles que podrían interferir con los cables? ¿Se reforzaron los postes más antiguos? Si estas acciones se hicieron, los resultados no se vieron. Y si no se hicieron, entonces hay una responsabilidad que asumir.
No se trata de exigir perfección. Se trata de exigir coherencia. Si sabemos que el Zonda va a soplar cada invierno, si sabemos que trae ráfagas intensas, si sabemos que pone a prueba la infraestructura, entonces no puede ser sorpresa que, cuando llega, encuentre puntos débiles.
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