2026-05-13

LA MOTOSIERRA QUE NO CONOCE DE TREGUAS

EL PRESIDENTE MILEI PERSISTE EN EL RIGOR FISCAL MIENTRAS LA PLAZA RUMORA SU DESCONTENTO

"No hay ley sin negociación"
En estos días en que la primavera porteña comienza a desplegar sus aromas entre los adoquines de la ciudad, la República asiste, una vez más, al espectáculo de un poder que no parece dispuesto a aflojar la mano, ni aun cuando el viento de la protesta sopla con fuerza en las calles.
 
El señor Presidente de la Nación, Javier Gerardo Milei, ha resuelto, con la firmeza de quien empuña una herramienta de hierro, mantener el curso del ajuste fiscal, a despecho de las manifestaciones que, cual marea creciente, han inundado la explanada frente a la Casa Rosada.
 
Fue el propio gabinete presidencial quien, con gesto de sorpresa apenas disimulada, recibió la noticia de un nuevo decreto que recorta el gasto público en la cifra astronómica de un billón cuatrocientos setenta mil millones de pesos, monto que representa, en la lengua de los economistas, el uno con seis décimas por ciento del Producto Bruto Interno. La medida, anunciada en vísperas de la Marcha Federal Universitaria, fue interpretada por más de un observador como un mensaje de aquellos que gobiernan: el de que ni las voces del clamor popular, ni los ecos de la oposición, ni siquiera el murmullo de las propias filas aliadas, habrán de torcer el rumbo trazado.
 
Mientras los estudiantes, los trabajadores y los políticos de la oposición llenaban la plaza con sus reclamos, en el interior del edificio de la Presidencia, la señora Karina Milei, secretaria general y hermana del Primer Mandatario, volvía a tomar las riendas de la mesa política, con el propósito de reafirmar su protagonismo en el Congreso de la Nación. Allí, la orden fue sostener, sin concesiones ni enmiendas, el proyecto de reforma electoral, a pesar de los intentos de la senadora Patricia Bullrich por separar la iniciativa conocida como "Ficha Limpia", con el fin de tender puentes hacia bloques que podrían acompañar al Ejecutivo. La estrategia, sin embargo, no encontró eco en la cúpula del poder, y el Senado habrá de debatir la reforma en su conjunto, contrariando los acuerdos que la exministra de Seguridad había logrado con sus pares del PRO y de la Unión Cívica Radical.
 
"No hay ley sin negociación", sentenció una senadora del oficialismo, con la franqueza que otorga la experiencia en los pasillos del poder. "Parece que buscan sostener la autoridad por la autoridad misma. Saben que así no sale, y aun así avanzan. No se entiende la estrategia, una vez más". Tales palabras, dichas en voz baja pero con la fuerza de la convicción, reflejan un clima de tensión que recorre las filas del oficialismo y que ha convertido los enfrentamientos entre la hermana del Presidente y la líder de la oposición en un capítulo recurrente de la vida política contemporánea.
 
No es menor, por cierto, el lugar que ocupan en esta trama las encuestas de opinión pública. Según los números de la consultora Management & Fit, la señora Bullrich ha escalado al primer puesto en imagen positiva, mientras que el señor Presidente ocupa el séptimo lugar, con una valoración negativa que supera a la de la excandidata de Juntos por el Cambio. Ante la catarata de preguntas de la prensa sobre los gritos del mandatario en la última reunión de gabinete, la propia senadora se limitó a decir, con la mesura de quien conoce el peso de las palabras: "Tiene una emocionalidad importante". Frase que, traducida al lenguaje llano, viene a significar que el temperamento del Presidente es, cuando menos, volátil.
 
En medio de este tablero movedizo, la figura de Mauricio Macri vuelve a aparecer, como un fantasma del pasado que se niega a desaparecer. El expresidente, desde su regreso de Egipto, ha hecho oír su voz mediante un duro comunicado en el que expresa diferencias profundas con el Gobierno actual. Aunque nadie en el PRO quiso plantearlo públicamente, el malestar se hizo sentir en los pasillos del partido. Solo el jefe de Gobierno de la Ciudad, Jorge Macri, reconoció con sorpresa que no había leído el texto antes de su difusión. "Me enteré viniendo para acá", confesó en el canal Todo Noticias, con esa sinceridad que a veces se escapa en los momentos de mayor tensión.
 
Mientras tanto, el peronismo, ese viejo zorro de la política argentina, no permanece ajeno a la danza. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, ha emprendido una gira por el interior del país con el propósito de sanar heridas históricas, como la que separa a Córdoba del kirchnerismo desde los días del levantamiento policial de 2013. "El peronismo gobierna Córdoba desde hace muchísimos años", reflexionó Carlos Bianco, buscando puntos de encuentro con el gobernador local, Martín Llaryora. En tanto, en los actos gremiales, la Central General de los Trabajadores no escatima en elogios hacia Kicillof, con voces que ya lo mencionan como posible candidato presidencial. Pero no todos en el movimiento justicialista comparten ese entusiasmo. Teresa García, diputada cercana a Cristina Fernández, ha sugerido que es hora de buscar "un nuevo Cámpora", mientras que Sergio Berni, senador provincial ligado a La Cámpora, ha advertido que, si el gobernador bonaerense no acepta la conducción estratégica de la ex Presidenta, "buscaremos otro candidato".
 
En el plano económico, la situación no deja de ser motivo de preocupación para los analistas. Martín Rapetti, economista de reconocida trayectoria, ha pintado un panorama que, si bien no es catastrófico, dista mucho de ser halagüeño. "Estamos en una economía que, más allá de algunos sectores puntuales como energía, minería y agro, está deprimida, si no directamente en proceso contractivo", explicó a este cronista. En tal contexto, la recaudación tributaria cae mes a mes, y los ingresos vinculados a la actividad económica retroceden, incluyendo los de la seguridad social. Para cumplir con el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que exige un superávit primario del 1,4 %, el Gobierno opta por recortar gastos, posponer pagos y, en ocasiones, simplemente no honrar sus compromisos con proveedores. "Eso permite mantener el objetivo fiscal, pero contrae el gasto, y esa contracción tiene un efecto negativo sobre la actividad económica", advirtió Rapetti.
 
La pregunta que flota en el aire, como el humo de un cigarro en una tertulia de café, es la de la sostenibilidad del plan. "A la sociedad le costó el esfuerzo, pero no pensaba que el esfuerzo iba a ser tan prolongado en el tiempo", señaló el economista.
 
Si el empleo y los ingresos continúan deteriorándose, podría generarse un problema de confianza que, a su vez, inquiete a los mercados. "Si los inversores perciben un riesgo de cambio de régimen político, pueden tomar medidas más precavidas, reducir su exposición a la Argentina y a los activos en pesos, y eso puede generar una suba del riesgo país y presión en el mercado de cambios", explicó.
 
Los tiempos, según Rapetti, serán cruciales: "Después de la cosecha gruesa y después del Mundial, cuando se empiece a vislumbrar el proceso preelectoral, estos temas van a aparecer con más nitidez".
 
Así las cosas, mientras la motosierra del ajuste sigue cortando por lo sano, y mientras la plaza sigue siendo escenario de reclamos y esperanzas, la República transita por días inciertos. El Presidente, firme en su convicción de que el rigor fiscal es el único camino hacia la estabilidad, parece dispuesto a pagar el precio político que sea necesario. La oposición, fragmentada y en busca de un liderazgo claro, observa con atención cada movimiento del oficialismo. Y el pueblo, ese juez silencioso e inapelable, aguarda, con la paciencia que da la historia, para dictar su veredicto en las urnas. Que el tiempo, ese viejo sabio, nos diga si el rumbo elegido habrá de conducirnos a puerto seguro, o si, por el contrario, nos llevará a navegar en aguas aún más tormentosas.
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