BOLIVIA VIVE LA TERCER SEMANA BAJO PRESIÓN
La Paz, cercada por un mosaico de protestas
La sede del Gobierno boliviano vive su tercera semana bajo presión callejera, y lo que empezó como una reacción a la falta de combustible se convirtió en un rompecabezas de demandas cruzadas.
La escasez de diésel y gasolina sigue sin respuesta clara del Ejecutivo. Esa parálisis alimenta la percepción de fragilidad institucional, y distintos sectores —sindicales, campesinos y políticos— la están usando para colar sus propias agendas en las calles del centro paceño.
No hay una sola marcha, hay muchas
A diferencia de otros ciclos de conflicto, esta vez no existe un pliego único:
La Central Obrera Boliviana (COB) y la Federación de Campesinos de La Paz piden la renuncia del presidente Rodrigo Paz y rechazan el aumento salarial del 20% que consideran insuficiente, mientras cuestionan la Ley 1720 de recategorización de tierras.
Los seguidores de Evo Morales —la marcha “evista” que partió de Caracollo el 12 de mayo— llegaron hoy para reforzar el cerco, con la consigna de frenar políticas que califican de neoliberales y exigir mejoras salariales.
Gremiales, transportistas y maestros urbanos suman bloqueos por la distribución irregular de carburantes y por demandas laborales puntuales.
Lejos de coordinarse, estos grupos confluyen de forma desordenada y endurecen los cortes de ruta, lo que radicaliza la protesta día a día.
El conflicto salpica a la Gobernación
En paralelo, otro foco se abrió contra el gobernador de La Paz. Manifestantes concentrados en la plaza principal cuestionan su gestión y, en algunos discursos, ponen en duda la legitimidad de la elección que lo llevó al cargo.
El Gobierno nacional, mientras tanto, anunció diálogos parciales con magisterio, mineros y la COB, y ordenó un repliegue táctico de policías y militares para evitar enfrentamientos directos.
Reclutamiento y temor a una escalada
El panorama se complica por versiones no confirmadas oficialmente: reportes extraoficiales hablan de traslados organizados de personas desde Oruro y Potosí hacia La Paz para engrosar el cerco. Analistas locales advierten que, sin colectivos civiles en el occidente que se pronuncien públicamente contra la metodología del bloqueo, crece el riesgo de que algunos actores busquen cuotas de poder por la vía de la presión callejera y no en las urnas.
Qué mirar en las próximas horas
- Combustible: si el Ejecutivo logra normalizar el abastecimiento, pierde fuerza el principal pegamento de la protesta.
- COB y evistas: ambos anunciaron cabildos y una semana de conflictos; la coincidencia temporal puede unificar o chocar agendas.
- Gobernación paceña: la presión dual —nacional y departamental— podría fragmentar aún más la respuesta institucional.
La Paz hoy no enfrenta un solo cerco, sino varios que se superponen. Y mientras el diálogo avanza a cuentagotas, la calle sigue siendo el escenario donde cada grupo mide su capacidad de imponer condiciones.