2026-08-01

HISTORIA Y ARQUEOLOGÍA

Investigaciones confirman 8.500 años de ocupación humana en el departamento de Iglesia

Estudios arqueológicos e históricos detallan la secuencia de poblamiento en el noroeste de San Juan, desde los primeros grupos cazadores-recolectores hasta la llegada de los incas y la posterior distribución de tierras en la época colonial.
Investigaciones arqueológicas e históricas confirman que la ocupación humana en el departamento de Iglesia se remonta a aproximadamente 8.500 años. Los primeros asentamientos correspondieron a grupos de cazadores-recolectores que se desplazaban por los valles andinos en busca de guanacos, vicuñas y frutos silvestres.
 
Hace unos 3.000 años, nuevas comunidades introdujeron la agricultura y la ganadería en la zona. Estos grupos se asentaron en microambientes con recursos hídricos, como las vegas de Bauchaceta, Espota y Chita, donde cultivaban quinoa, porotos y maíz, y criaban llamas.
 
Para adaptarse al clima árido y al viento Zonda, estas poblaciones desarrollaron sistemas de ingeniería local. Construyeron canteros de riego y grandes cisternas, de hasta 200.000 litros, para almacenar agua y mantener la producción agrícola en zonas de llanura pedregosa.
 
Entre los años 1200 y 1460 d.C. se consolidó la cultura de Angualasto. Esta etapa se caracterizó por una intensa actividad agropecuaria y el intercambio comercial con el norte de Chile y el noroeste argentino, destacándose por su cerámica y textilería con motivos de cóndor.
 
Hacia 1490, el Imperio Inca incorporó la zona a su dominio, estableciendo centros de control (tambos) para administrar la mano de obra local y la explotación de la lana de vicuña en San Guillermo. Con la llegada de los españoles a mediados del siglo XVI, se implementó el sistema de encomiendas, lo que derivó en el desplazamiento de gran parte de la población indígena hacia territorios que hoy corresponden a Chile.
 
Para mediados del siglo XVIII, en el marco de la fundación de la villa de Jáchal (1753-1755), se formalizó la entrega de títulos de propiedad legítimos sobre los potreros y estancias a los pobladores tradicionales de la zona, como Rodeo, Angualasto y Colangüil.
 
Los registros históricos aclaran que no existió una "fundación" de las localidades de Iglesia o Rodeo en el sentido tradicional del término. El departamento se constituyó mediante un acto político-administrativo posterior, consolidando la ocupación humana que ya existía en el territorio desde hacía milenios.
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