2026-08-23

Historia y patrimonio

Los pueblos originarios que habitaron San Juan antes de la fundación española

Registros arqueológicos e históricos detallan la presencia de las culturas Fortuna, Morrillos y, principalmente, la huarpe en el territorio provincial. Su legado perdura en la gastronomía, el lenguaje y las comunidades actuales.
Antes de la fundación de San Juan de la Frontera por Juan Jufré en 1562, el territorio provincial ya estaba habitado por comunidades originarias con formas de organización social, económica y religiosa propias. Las investigaciones identifican a las culturas Fortuna, Morrillos y Huarpe como los principales pobladores de la región.
 
La Cultura Fortuna representa al grupo humano más antiguo localizado en lo que hoy es San Juan, con restos hallados en departamentos como Calingasta, Iglesia, Ullum y Zonda. Se trataba de grupos de cazadores y recolectores que se desplazaban estacionalmente siguiendo a sus presas, como guanacos y avestruces, y consumían frutos de algarrobo, semillas y raíces de cactus.
 
Posteriormente, alrededor del año 6000 a.C., se desarrolló la Cultura de Los Morrillos en la zona de Calingasta. Este grupo también basaba su subsistencia en la caza y la recolección, fabricando instrumentos de piedra y hueso, así como redes y cestos con fibras vegetales para el transporte.
 
Hacia el año 1350 d.C., el pueblo huarpe se instaló en los territorios correspondientes a San Juan, Mendoza y San Luis. Fueron la última cultura aborigen de Cuyo en entrar en contacto con los españoles a mediados del siglo XVI. Los huarpes desarrollaron una agricultura y ganadería incipientes, con una marcada influencia de la cultura incaica, que había dominado previamente la zona cordillerana.
 
Su economía incluía el consumo de maíz, carne en forma de charqui y derivados del algarrobo, como el patay y bebidas fermentadas. Las comunidades asentadas en las lagunas de Guanacache utilizaban balsas de totora para la pesca y la caza de aves acuáticas.
 
La organización social huarpe se basaba en la familia, con una sucesión de poder hereditaria hacia el primogénito varón y una jerarquía de jefes políticos y religiosos. Su religión era politeísta, con una fuerte veneración a las deidades de las montañas. Hablaban principalmente dos lenguas, el millcayac y el allentiac, que eran de tradición oral.
 
El encuentro con los españoles en 1562 fue inicialmente pacífico en esta zona. Según relatos históricos, hubo uniones entre familias indígenas y conquistadores, como el caso documentado de la hija del cacique Angaco y el capitán Mallea. Sin embargo, este periodo dio paso a un proceso de evangelización y, posteriormente, a la esclavización de hombres y adolescentes huarpes, quienes fueron trasladados a Chile para trabajar en las minas. Muchos de los que permanecieron en la provincia se refugiaron en las lagunas de Guanacache.
 
Durante el siglo XIX, miembros de estas comunidades participaron en la guerra de independencia junto a las fuerzas criollas y, en algunos casos, protagonizaron levantamientos contra las formas de gobierno impuestas en Cuyo.
 
Según especialistas, el legado de estos pueblos persiste en la sociedad sanjuanina a través de palabras de uso cotidiano, técnicas gastronómicas y matices en el acento local.
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