Memoria e historia
Patetta: el crimen que adelantó el horror en San Juan
El 23 de marzo de 1976, pocos minutos después de las 15, el comisario Ernesto Máximo Patetta fue asesinado en la intersección de Mendoza y Estado de Israel, en Rawson. Tenía 43 años y acababa de ser designado delegado de la Policía Federal en San Juan tras su reciente ascenso.
Según el relato que se difundió, el móvil en el que se desplazaba fue sobrepasado por un Fiat 125 desde el que tres personas abrieron fuego con armas de gran calibre. Patetta murió en el lugar.
Lo que ocurrió después es menos conocido.
Ese mismo día, antes de que se anunciara formalmente la Junta Militar, en San Juan ya se realizaron allanamientos y detenciones de estudiantes universitarios, que fueron trasladados para ser interrogados y torturados. La historiadora que reconstruyó esos hechos lo resume así: "La jornada del golpe en San Juan comenzaría un día antes".
Un sobreviviente contó que fue detenido en la madrugada del 24 de marzo, horas después del crimen. "Pasó que durante la siesta del 23 lo mataron al comisario... y como yo justamente me quedé a dormir en la casa de otros santafesinos que no tenían nada que ver, fueron a buscarnos como a las 2 de la madrugada para 'chuparnos'" . Relató que los llevaron a la sede de la Policía Federal, donde estuvieron con las manos atadas y vendados. "Estando detenidos nos dieron masa. El primer día estuvimos todo el tiempo en el patio de la Federal, tirados al rayo del sol sin poder levantarnos... Después nos enteramos que en ese lugar lo velaron a Patetta".
El crimen de Patetta funcionó como detonante. Las fuerzas de seguridad locales y federales actuaron con una coordinación que hasta entonces no era evidente. Para los organismos de derechos humanos, la figura de Patetta no es la de una víctima inocente del contexto: era parte de una estructura policial que, en esos días, se abocó a la persecución de opositores políticos. Su asesinato, lejos de ser un hecho aislado, fue el punto de partida de una represión que se desplegó en la provincia antes de que el golpe se formalizara.
La historia de Patetta, como la de otros policías y militares muertos en esos años, ha sido utilizada para construir un relato de "víctimas del terrorismo". Pero el análisis de los hechos de esos días muestra que su muerte no detuvo la represión: la aceleró.
San Juan fue, en esas horas, un laboratorio de lo que vendría. El 23 de marzo de 1976 no fue solo el día en que murió un comisario. Fue el día en que la provincia empezó a vivir el horror antes de que el país entero lo conociera.