Romina Rosas no tiene presupuesto, tampoco liderazgo
Caucete pierde la fiesta de la Uva y el Vino
La intendenta Romina Rosas sorprendió a propios y ajenos con la decisión de suspender la Fiesta Nacional de la Uva y el Vino 2026 en Caucete, el evento que año tras año moviliza a miles de personas, genera ingresos a comercios locales, impulsa a emprendedores y celebra una tradición profundamente arraigada en la comunidad.
La justificación oficial: “No hay presupuesto aprobado”, y la culpa —según Rosas— sería exclusivamente de los concejales que no sancionaron la herramienta financiera para el año en curso.
Una excusa que no cuadra
Si bien es cierto que un presupuesto aprobado facilita la planificación financiera de un municipio, la Carta Orgánica Municipal de Caucete establece que, cuando no se sanciona un presupuesto nuevo, rige automáticamente el anterior por reconducción, habilitando al Ejecutivo a utilizar partidas ordinarias ya contempladas para eventos tradicionales como esta fiesta.
Es decir: la fiesta podría haberse hecho aunque no haya presupuesto formalmente aprobado para 2026 —si es que la intendenta hubiera querido priorizarla y gestionar con responsabilidad. Esta interpretación fue planteada por concejales opositores, quienes deslizaron que la suspensión no fue un problema técnico, sino una decisión política pura y dura.
Más que una disputa, una falta de visión
Lo grave no es solo la pelea entre el Ejecutivo y el Concejo. Lo preocupante es que una tradición cultural y un motor económico local queden como rehenes de un conflicto institucional.
Caucete no solo pierde una fiesta; pierde oportunidades de ingresos para pequeños comerciantes, artistas, puestos gastronómicos, hoteleros y trabajadores temporarios que dependen de esos días de afluencia masiva. La inacción y la falta de planificación se traducen en perjuicios reales para la comunidad.
La intendenta Rosas eligió señalar con el dedo a los concejales, pero —según críticos— no ofreció una alternativa real ni explicó qué hizo con los recursos disponibles ni cómo gestionó la rendición de cuentas posterior a la edición 2025. Ese silencio solo profundiza la sensación de improvisación al frente del municipio.
¿Culpa de otros o incapacidad de gestión?
Cargar la responsabilidad de un fracaso comunicacional y administrativo únicamente hacia el Concejo Deliberante es una simplificación política peligrosa.
La realidad es que un intendente no solo administra números, sino que también debe liderar acuerdos, anticipar conflictos y buscar soluciones antes de que sea demasiado tarde.
Si la falta de presupuesto hubiera sido la verdadera razón, la pregunta que queda flotando es:
¿Por qué no se presentó un proyecto a tiempo?
¿Por qué no se negociaron los puntos conflictivos antes de llegar al colapso?
¿Y por qué una herramienta tan importante para la identidad local se dejó de lado en plena temporada?
Falta de capacidad en la conducción municipal caucetera
Dejar sin fiesta a un departamento entero no puede ser simplemente el resultado de una “culpa compartida”.
Cuando un evento tradicional se cae por falta de decisión política, la responsabilidad principal recae en quien está al mando de la gestión.
Caucete merece más que excusas: merece resultados, diálogo y una conducción que ponga por delante los intereses de la comunidad antes que los de la política partidaria.