HISTORIA | San Juan colonial

José Ignacio de la Roza: el primer gobernador sanjuanino que transformó la provincia y terminó en el exilio

Entre 1815 y 1820 impulsó obras de riego, educación y salud. Una sublevación militar encabezada por su propio cuñado lo derrocó y lo condenó a muerte, pena que luego fue conmutada por el destierro.
José Ignacio de la Roza asumió como teniente gobernador de San Juan el 24 de mayo de 1815, designado por José de San Martín, entonces gobernador intendente de Cuyo. Con 26 años, se convirtió en el primer sanjuanino en ocupar ese cargo y durante cinco años llevó adelante una gestión centrada en el desarrollo productivo, la educación y la salud pública.
 
Según registros históricos, de la Roza fundó la Escuela de la Patria, bajo la dirección del maestro Ignacio Fermín Rodríguez. En esa institución se educó, entre otros, Domingo Faustino Sarmiento. También estableció un hospital urbano, fomentó las explotaciones mineras en Hualilán y promovió la agricultura con la introducción de nuevas variedades de semillas y la construcción de canales de riego, entre ellos el de Pocito y el iniciado para Caucete.
 
Su administración se caracterizó por un fuerte apoyo a la campaña libertadora. De la Roza aportó recursos económicos, ganado, alimentos y hombres para la formación del Ejército de los Andes. De hecho, nunca cobró su sueldo como gobernante. Sin embargo, ese esfuerzo generó un desgaste significativo en la economía local y en la población, que ya enfrentaba las consecuencias de la guerra de independencia.
 
El golpe de 1820
 
El 9 de enero de 1820, una insurrección armada encabezada por el capitán Mariano Mendizábal, del Batallón Nº 1 de Cazadores de los Andes, derrocó a de la Roza. Mendizábal era su cuñado, ya que estaba casado con Juana de la Roza, hermana del gobernador.
 
De acuerdo con fuentes históricas, la sublevación se produjo en un contexto de malestar social y militar. Las tropas, que habían regresado de las campañas en Chile, se negaban a ser enviadas a combatir al Perú. A esto se sumaban tensiones políticas internas y disputas familiares por la administración de bienes patrimoniales.
 
Tras el golpe, de la Roza fue encarcelado y condenado a muerte. Sin embargo, su otra hermana, Félix de la Roza, casada con Alejo Junco, gestionó ante las autoridades la conmutación de la pena por la de destierro. De la Roza partió entonces al exilio, primero a La Rioja, luego a Chile y finalmente a Perú, donde se reencontró con San Martín.
 
El desenlace
 
En Perú, de la Roza se desempeñó como auditor de guerra del gobierno de San Martín. Respecto al destino de Mendizábal, existen dos versiones históricas. Una señala que de la Roza influyó para que su cuñado fuera enviado a Lima y allí juzgado. La otra sostiene que intercedió para evitar su ejecución. Finalmente, Mendizábal fue juzgado y fusilado en Lima.
 
De la Roza murió en 1834 en Santiago de Cao, en el norte del Perú, a los 46 años. Según se consigna en documentos de la época, sus últimos años estuvieron marcados por dificultades económicas y el alejamiento de la vida pública.
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