Mercados de renta fija

Dos de cada tres fondos de deuda europea tienen al menos un 20% en Francia en plena crisis de sus bonos

La crisis de las cuentas públicas francesas y el bloqueo político en París pusieron la deuda gala en el centro de la preocupación del mercado. El bono a diez años superó el 5% por primera vez desde 2002 y la prima de riesgo se instaló por encima de los 170 puntos. Los fondos de renta fija soberana de la eurozona registran pérdidas medias del 3% este año.

La crisis de las cuentas públicas francesas y el bloqueo político que atraviesa París se convirtieron en uno de los principales focos de inquietud para el mercado de renta fija europeo. Las consecuencias van más allá de quienes invierten directamente en bonos del país, que superaron el 5% por primera vez desde 2002, con la prima de riesgo instalada por encima de los 170 puntos. Durante la sesión del jueves llegó a tensarse hasta el 5,139%.

El impacto también alcanza a los pequeños ahorradores que confían su dinero a fondos de renta fija soberana de la eurozona, en cuyas carteras Francia ocupa un lugar destacado. Dos de cada tres fondos de deuda pública europea tienen al menos una quinta parte de su patrimonio invertido en bonos franceses, según un análisis realizado a partir de datos de Morningstar.

La radiografía, elaborada sobre una muestra de 46 fondos de renta fija soberana de la zona euro con datos de sus carteras actualizadas, revela que el 65% mantiene una posición neta en deuda francesa igual o superior al 20%. El peso medio de estos bonos en las carteras es ligeramente superior, del 20,7%, aunque en algunos productos se aproxima al 40%.

Entre los vehículos con mayor exposición destacan State Street Euro Core Treasury Bond Index, que destina el 39,83% de su patrimonio a deuda francesa. Le siguen Ostrum SRI Euro Sovereign Bonds, con un 35,12%, y Ostrum SRI Euro Bonds 3-5, con un 29,68%. También superan la cuarta parte de sus carteras CaixaBank Smart Renta Fija Deuda Pública 7-10, con un 25,60%, y Pictet-EUR Government Bonds, con un 25,51%.

Gestión pasiva y exposición

Una parte relevante de los fondos de deuda pública europea sigue estrategias de gestión pasiva, lo que significa que su exposición al país no responde a una apuesta deliberada de sus gestores, sino a la composición de los índices que replican. Muchos de los principales índices de deuda soberana europea ponderan los títulos en función del volumen de deuda en circulación, de modo que los países que más emiten son también los que mayor peso adquieren en las carteras.

Francia, uno de los mayores emisores de deuda pública de la eurozona, se beneficia de esta metodología. Mientras que un gestor activo puede reducir su exposición si considera que el deterioro de las finanzas públicas francesas eleva demasiado el riesgo, los productos indexados tienen un margen mucho más limitado para hacerlo sin desviarse de sus índices de referencia.

El impacto en las carteras

Cuando los inversores exigen una mayor rentabilidad para comprar bonos franceses, el precio de los títulos ya emitidos cae, una pérdida de valor que puede trasladarse a los fondos que los mantienen en cartera. Su impacto depende no solo del peso de Francia, sino también de la duración de los bonos, que determina su sensibilidad a los movimientos de los tipos de interés.

En el caso del bono con vencimiento a diez años, que ahora ofrece una rentabilidad del 5,10%, su precio cayó casi un 12% en lo que va de año, cuando el interés rondaba el 3,5% en enero. El precio de otros bonos soberanos europeos también cae, pero en una proporción menor. El resultado es que los fondos que invierten en deuda pública del Viejo Continente registran pérdidas medias del 3% este año, según datos de Morningstar.

La vulnerabilidad francesa

A las dificultades políticas para reducir el déficit y estabilizar la deuda se suma otra vulnerabilidad que diferencia a Francia de otros emisores europeos: su elevada dependencia de los inversores internacionales. Desde la gestora alemana DWS advierten de que "Francia es especialmente vulnerable debido a la composición de su base inversora. Aproximadamente la mitad de su deuda pública está en manos de inversores extranjeros, lo que hace que el país esté más expuesto que muchas otras economías al riesgo de salidas de capital internacionales". Entre estos tenedores destacan las instituciones japonesas, que encuentran cada vez más incentivos para repatriar parte de sus inversiones ante el repunte de los tipos de interés en su mercado doméstico.

En DWS tampoco encuentran motivos para esperar una solución rápida. La gestora asegura que sigue "sin ver una perspectiva convincente a largo plazo para resolver el problema de la deuda francesa, que es, fundamentalmente, un problema de gasto público". Entre los obstáculos que identifica figura la resistencia de buena parte de la clase política a mantener las reformas necesarias para contener el gasto, especialmente en materia de pensiones.

El contagio y la posición del BCE

Pese al deterioro de las perspectivas fiscales francesas, por ahora no se desencadenó una crisis de confianza generalizada en la deuda soberana europea. Dario Messi y Afonso Borges, analistas de renta fija de Julius Baer, consideran que una reducción sostenida de la prima de riesgo francesa exigirá compromisos fiscales creíbles por parte de París, aunque subrayan que "el riesgo de contagio sigue controlado".

Los expertos recuerdan que el Banco Central Europeo (BCE) dispone de mecanismos para hacer frente a episodios de fragmentación financiera, si bien consideran que todavía no se dan las condiciones para una respuesta contundente. "El mercado aún no ha alcanzado el nivel de estrés necesario para obligar a los responsables políticos o al BCE a intervenir de forma decidida", señalan.

Los estrategas de Bank of America sitúan el diferencial entre el bono francés a diez años y su equivalente alemán en una horquilla de entre 100 y 150 puntos básicos. A su juicio, solo un repunte rápido hacia la parte alta de ese rango elevaría las probabilidades de una intervención del BCE.

Oportunidad y riesgo

La otra cara del deterioro de la deuda francesa es que el aumento de las rentabilidades exigidas por los inversores también genera oportunidades. Aunque el escenario político y fiscal invita a la prudencia, los expertos consideran que los bonos galos pueden resultar interesantes para quienes estén dispuestos a soportar episodios de volatilidad y mantengan un horizonte de inversión suficientemente largo.

Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad, sostiene que el deterioro de las cuentas públicas no debe confundirse con una pérdida definitiva de confianza en el emisor. "Nuestra confianza en el euro y en la deuda francesa a largo plazo es total, pero eso no significa que el camino vaya a ser sencillo. Podemos atravesar episodios de elevada volatilidad, como ocurrió con Italia en 2018 o con Grecia en 2015. Por eso, para invertir en deuda francesa hay que tener precaución y mucho estómago", advierte.

Incluso desde DWS reconocen que el atractivo de los bonos aumenta a medida que lo hacen sus rendimientos. "Unas rentabilidades cercanas al 5% terminan resultando atractivas en algún momento, siempre que se asuma que Francia no incurrirá en impago o que el BCE intervendrá", concluyen.